Povidona yodada: por qué debemos limitar o evitar su uso

Después de desterrar la Mercromina que nuestros padres nos ponían cada vez que nos hacíamos daño y el alcohol con el que llorábamos como si se acabara el mundo, por no ser antisépticos adecuados, se aceptó como de uso cotidiano el uso de la povidona yodada que, en realidad, no debería utilizarse en mujeres embarazadas, mujeres lactantes ni bebés. O al menos, limitar mucho su uso por las razones que ahora comentaré.

El uso de la povidona yodada en el paritorio

Hacer uso de la povidona yodada en las salas de partos está desaconsejado porque este antiséptico contiene una altísima concentración de yodo (10.000 microgramos por ml, cuando una mujer lactante requiere una cantidad de 200-300 microgramos al día), que se absorbe muy fácilmente si es aplicado sobre heridas, piel inflamada o mucosas (como la vaginal).

Esta absorción descontrolada de yodo, sólo por haberlo utilizado momentos antes del expulsivo, se ha visto peligrosa hasta el punto de que aumenta la yodemia (yodo en sangre) del cordón umbilical hasta en un 50%.

Además, la leche materna aumenta su concentración de yodo en 10 a 20 veces la cantidad normal en los días posteriores al parto, haciendo que el bebé consuma más de lo deseable.

La povidona yodada en mujeres que amamantan

Las mujeres que dan pecho no deberían utilizar este antiséptico. Si se utiliza en una herida pequeña y de manera puntual el riesgo es muy bajo y no hay que hacer nada especial al respecto, pero si la herida es extensa o la aplicación sobre la piel no íntegra se repite durante varios días (si te curas la herida de la cesárea con povidona yodada, por ejemplo), aumentará la concentración de yodo en la leche.

Este aumento de concentración en la leche materna es peligroso, sobre todo, en los bebés más pequeños, porque supone una posible sobrecarga de yodo que puede provocar un bloqueo transitorio de la tiroides en los bebés.

La tiroides necesita yodo para sintetizar hormonas, pero si hay un exceso de yodo en edades tan tempranas, la tiroides inhibe la captación del yodo y deja de funcionar como debiera provocando hipotiroidismo transitorio. Esto puede hacer que las pruebas de detección precoz (la prueba del talón) salga alterada y se produzca un falso positivo que obligue a repetir las pruebas, quizás a medicar al bebé, y que asuste a los padres sin necesidad.

La povidona yodada en bebés y niños

En recién nacidos está contraindicado porque se han descrito casos de intoxicación por yodo, bocio e hipotiroidismo asociados a su uso.

La misma ficha técnica del producto, de hecho, desaconseja su uso:

La utilización en niños menores de 30 meses, si fuese indispensable, se limitará a una aplicación breve y poco extensa, seguida de un enjuague con agua estéril. La aplicación de povidona iodada en neonatos, fundamentalmente prematuros y con bajo peso al nacer, se ha asociado a la aparición de hipotiroidismo.

Es decir, que en niños menores de 2 años y medio sólo se debería usar si fuera indispensable hacer uso de ella. Tal y como está explicado, se refieren a su utilización para hacer alguna prueba o intervención, y sugieren que se aplique sobre la piel sana, realizando la intervención posteriormente y luego enjuagando enseguida con agua estéril.

Curar una herida con esta solución y dejarla hasta el día siguiente, por ejemplo, sería un error. Y más, cuando las heridas suelen requerir de una nueva aplicación con el paso de las horas, o al menos una vez al día.

Y es que un uso muy continuado podría provocar acidosis metabólica, hipernatremia y trastornos de la función renal, hepática y tiroidea, especialmente en niños.

Entonces, ¿qué antiséptico utilizar?

El más utilizado y recomendable hoy por hoy es la clorhexidina. Se puede utilizar en la piel y en las mucosas, y no reviste peligro en el parto ni en caso de lactancia. También se puede utilizar con bebés y niños en caso de que se haga una herida y queramos eliminar los posibles gérmenes y patógenos.

Fotos | Allison, Benjamin Magaña en Flickr


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Por | 2017-01-20T12:45:34+00:00 20 Enero 2017|Categorías: Salud infantil|Etiquetas: , , |1 comentario

Un comentario

  1. Yolanda García 20 Enero, 2017 en 6:05 pm- Responder

    Alucinando estoy, no tenía ni idea.

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