“No lo cojas tanto en brazos, que se acostumbra”

Los próximos Seminarios Online los hará Gemma Guillamón, asesora de porteo, así que he pensado en hacer algo así como el mes de la crianza en brazos (esto existe oficialmente, pero yo lo voy a celebrar en mi página… porque yo lo valgo). Para ello, entre ella y yo vamos a publicar varias entradas relacionadas con el tema, a modo de introducción, hasta llegar al día de los webinars:

1.- (27 Feb) No lo cojas en brazos, que se acostumbra
2.- (2 Mar) Que no os separen: por qué es importante el piel con piel al nacer
3.- (6 Mar) El método canguro: también para los bebés que no son prematuros
4.- (9 Mar) Por qué decidí portear a mis hijos
5.- (13 Mar) Beneficios de portear a tu bebé
6.- (17 Mar) Riesgos de portear mal a un bebé
7.- (25 Mar) El Porteo como Estilo de Vida – Seminario Online
8.- (1 Abr) Portabebés en la vida real – Seminario Online


“No lo cojas tanto en brazos, que se acostumbra”

“Ese niño está mucho en brazos”, me dijo una mujer que nos vino a visitar a casa para conocer a Jon, hace más de 10 años. “No lo cojas tanto en brazos, que se acostumbra”, agregó. Fueron solo unas palabras de una persona que apenas conocíamos pero que, por su condición de madre, nos llevó a la duda. A la duda y al debate posterior entre Miriam y yo.

Y sí, era cierto, lo cogíamos mucho en brazos. De hecho, lo hacíamos desde el primer día porque en la habitación del hospital compartíamos espacio con otra madre y su bebé, y conscientes de que también merecían descansar, intentamos por todos los medios que Jon no llorara mucho.

Cómo empezamos a darle cada vez más brazos

En una incomodísima silla (yo creo que las diseñan así a caso hecho, para que el padre apenas pueda echar ojo y así esté al tanto del bebé si ella duerme) pasé las primeras noches junto a los dos. El parto había sido por cesárea, y ella estaba echa un cromo, así que me convertí en sus brazos y sus piernas para ayudarla en todo lo que pudiera poniéndole al bebé a la teta, cogiéndolo si lloraba y ella dormía, cambiándole el pañal y calmándolo cuando hacía falta.

Así pasaron las horas y los días, y aunque parezca mentira, empecé a conocerle un poquito más, a perder el miedo, a coger un poco de confianza en mi papel, y a darme cuenta de cuál era la posición que más le ayudaba o mejor le hacía sentir. Se podría decir que cogerlo en brazos me ayudó a confiar en mí como padre.

“No lo cojas en brazos, que se acostumbra”

Por alguna razón que desconozco (o que conozco y querría desconocer), en algún momento de la historia se nos empezó a decir a los padres que los niños tenían que vivir separados de nosotros, casi ajenos al calor humano y al contacto que suponen los brazos.

Después de irse esta mujer, Miriam y yo hablamos y concluimos que no podía ser malo, si Jon estaba tan tranquilo en brazos. De hecho, pronto nos dimos cuenta de que los niños son animales mamíferos que precisan de la cercanía de sus padres para desarrollarse adecuadamente.

Dicho de otro modo, si coges mucho a un niño en brazos es normal que te lo siga pidiendo, por supuesto, pero ¿no es eso lo que tiene que hacer un bebé, acostumbrarse a sentirse amado y contenido física y emocionalmente por sus padres? ¿No será que si no conciben como adecuada la soledad es porque no deben estar solos?

Por mi profesión veo a diario padres con bebés recién nacidos y muchos me suelen preguntar si se acostumbran a los brazos, para saber si pueden cogerlos o no. No suelo decir “Sí” o “No”. Mi respuesta suele ser: “La pregunta no es si se acostumbran o no a los brazos, sino si cogerlos en brazos es bueno o malo. Ante esta pregunta mi respuesta es sí, es bueno y sí, hay que cogerlos si lloran porque los bebés necesitan contacto, cariño y afecto”.

El tacto de los bebés está distribuido en todo el cuerpo y tocarles es un modo perfecto de proporcionarles estimulación. Se sospecha que los bebés que son acariciados y que reciben masajes (por eso es tan conocido y recomendado el masaje infantil) aumentan mejor su peso y sufren menos enfermedades, y se sabe que para los padres y el bebé es un momento increíble de comunicación y cariño. Es evidente, entonces, que cogerlos en brazos es una práctica totalmente recomendada.

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Pero si no los coges, los acostumbras a vivir sin ellos

Es cierto, muchos niños son dejados en sus cunas llorando, o en la hamaca, o en el cochecito, para que no pidan brazos o para que no se acostumbren a recibir respuesta inmediata a sus demandas. En muchas ocasiones el resultado de estas prácticas es precisamente el que se busca, que el niño llore cada vez menos y solicite menos la presencia de sus padres (en otras ocasiones el bebé llora cada vez más y más como si no tuviera fin). El objetivo se consigue, pero no porque el bebé haya aprendido a satisfacer sus propias necesidades, sino porque se resigna y aprende a no pedir lo que necesita.

Dicho de otro modo, los bebés aprenden que sus demandas no tienen respuesta y dejan de llorar y de llamar porque “Total, no me van a hacer caso”. Y esto que voy a decir es importante: lo que a ojos de los demás puede parecer un bebé muy tranquilo (porque no llora casi), puede ser todo lo contrario en su interior; un bebé excesivamente activado y pendiente de su entorno, intentando controlar todo aquello que desconoce (la mayoría de los estímulos que recibe) y tratando de prevenir posibles riesgos. El problema es que los bebés no razonan y apenas son capaces de entender qué son los ruidos, luces y estímulos que reciben, y esto provoca que se queden activos, expectantes, preocupados, estresados y gastando energía de manera inútil porque son demasiado pequeños para controlar lo que reciben. Es una responsabilidad que no les pertoca. Somos nosotros, los padres, los que les tenemos que hacer sentir seguros.

Imaginad que en vuestro primer día de trabajo os ponen al mando de una torre de control de aviación, sin tener ninguna experiencia ni conocimientos. Seguro que miraréis a todos los monitores ansiosamente intentando entender los patrones y el funcionamiento para evitar accidentes, y pediréis ayuda cuanto antes. Los bebés, cuando reciben un estímulo desconocido y lloran, cuando se sienten solos y lloran, cuando les pasa a saber qué y lloran, están en una situación similar, pidiendo esa ayuda que ellos mismos no pueden ofrecerse.

Concluyendo

No siempre es malo que se acostumbren a algo y, en este caso, no puede ser malo acostumbrarse a que tus padres te lleven en brazos, porque no hay nada que ofrezca más protección, más cariño, más calor y más autoestima que el que tus padres cuenten contigo teniéndote cerca de ellos, de su corazón y de sus besos (estando ahí cerquita caen cientos cada día).

Los humanos venimos al mundo para ser felices, libres y para compartir nuestra felicidad y los buenos (y los malos) momentos con los demás.

En fin, no puedo entender que alguien sugiera que para que un niño crezca feliz y autónomo deba sentir el desapego y la separación, a menudo forzada (nos lo hacen saber con sus llantos). Bueno, miento, sí lo entiendo, pero esto es otro tema relacionado con las relaciones de poder y de obediencia que tienen como objetivo crear a niños inseguros y con baja autoestima, que acepten sin rechistar a las personas que “saben más”, que acepten las jerarquías y que acepten por lo tanto la sociedad tal y como es ahora mismo.

En definitiva, si lo que queréis es tener un hijo feliz, cogedlo en brazos siempre que os lo pida e incluso cuando no lo pida. Haced el método canguro si queréis, aunque no haya nacido prematuro, porque no hay nada que les relaje más que oír el corazón de mamá y papá.

Dadle muchos besos, muchas caricias y llevadlo en brazos, en una mochilita o en un foulard por la calle para que se acostumbre a teneros cerca. Cuando tenga 9 meses y empiece a gatear, o cuando cumpla un año y empiece a andar y se vaya por casa a explorar territorios inexplorados, seréis vosotros quien eche de menos aquellos tiempos en que era un bebé chiquitín que quería un abrazo a todas horas.

Fotos | Chris Price, Sal en Flickr (CC)


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Por | 2017-03-21T13:47:39+00:00 27 Febrero 2017|Categorías: Crianza de los hijos|Etiquetas: , , , |1 comentario

Un comentario

  1. Alicia 27 Febrero, 2017 en 11:24 am- Responder

    Soy mamá de un niño de 33 meses al que “mimado” (como he tenido que escuchar recientemente), porque lo tuve en brazos todo lo que pude y procuré darle todo mi tiempo y cariño. Ahora tengo trillizos de 7 meses. La experiencia es completamente distinta ya que por razones obvias, apenas puedo darles los achuchones que quisiera. Cuando no atiendo sus demandas en el acto, ellos lloran y lloran desconsoladamente y además aumentando la intensidad y solo dejan de llorar cuando al fin se les atiende su demanda. Esto es así desde el primer día y hoy que tienen 7 meses no ha cambiado nada. Pues todavía tengo que escuchar la dichosa frase de que no los coja que se acostumbran, y que ya aprenderán a esperar, etc… Vamos si a estas alturas no se han acostumbrado a esperar, quiere decir que no es algo educativo sino madurativo. Algún día esperarán su turno tranquilos porque tendrán esa capacidad y no porque yo les haya enseñado nada…. Me reconforta tu artículo porque viene a confirmar mi sospecha. Un abrazo.

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