Cómo hidratar a los niños ahora que viene el calor

Sabemos que el agua es la mejor bebida posible para hidratarnos y para que los niños se hidraten, y sin embargo, son muchos, demasiados, los niños que apenas la prueban. Quizás os resulte increíble, o quizás no tanto, pero el primer consejo que doy en la consulta de enfermería cuando llegan niños con sobrepeso u obesidad es el relativo a las bebidas: que en el supermercado hagan ya una primera criba para que la única bebida que haya en casa sea agua.

Y es que, como digo, muchos niños beben muy poca agua, porque “no le gusta”, “no la quiere”, “no le sabe a nada”, y en sustitución beben zumos, batidos, refrescos e incluso, en algunos casos, bebidas energéticas.

No me voy a extender mucho en este sentido, porque no es la intención de este post, pero podéis imaginar cuál es la información que les doy: energía no necesitan más de la que ya reciben por los alimentos, y los refrescos y zumos tienen demasiado azúcar. El agua debería ser el método principal para hidratarte en el día a día, incluso en el colegio (que muchos niños se llevan zumitos o yogures bebibles), y con más razón ahora que viene el calor.

Por qué es importante hidratarse

Son muchas las razones por las que necesitamos beber agua, y todas se pueden resumir en una afirmación clave: la mayor parte de nuestro cuerpo es agua. Si tenemos en cuenta que la vamos perdiendo con el sudor, las lágrimas, la orina y las heces, es evidente que debemos reponerla a diario, con mayor énfasis en los meses que hace más calor.

Pues con los niños sucede lo mismo, sobre todo porque ellos son más activos que nosotros por naturaleza (vamos, que puede estar haciendo calor afuera y ellos salen a jugar igualmente).

¿Cuánto agua tienen que beber los niños?

Imposible saberlo. Se dice que a partir del año un niño tiene que beber entre 1 y 1,5 litros de agua diarios, pero no es más que una aproximación o generalización. La cantidad dependerá del calor que haga, de la actividad que haga el niño, de la alimentación (hay alimentos con más contenido en agua que otros), etc.

Esto hace que haya niños que con un litro diario tengan suficiente, y que haya otros que con un litro y medio quizás se queden hasta cortos. Por eso lo más recomendable, normalmente, es hacer caso a la sed de cada niño en particular, para que ni se quede corto, ni beba de más.

El problema es que muchos niños (y muchos adultos) buscan saciar la sed con comida, porque la tienen más a mano, porque están más acostumbrados a ello o porque, como he comentado, los hay a los que les gusta poco beber. En tal caso, puede ser interesante que, además de ir ofreciendo agua cada cierto tiempo, modifiquemos la alimentación para intentar que estén bien hidratados.

Cómo hidratar a través de la comida

Obviamente, solo con comida es difícil llegar a los requerimientos de un niño, pero al menos podemos ayudar bastante, sobre todo si nuestro hijo es de los que apenas nos pide agua, o si es de los que dice que no le gusta porque se ha acostumbrado a beber cosas más dulces. Mientras empieza a apreciarla un poco más, podemos aumentar la oferta de frutas (la sandía y el melón, muy típicos en verano, tienen mucha agua), verduras y hortalizas, que son los alimentos que más agua contienen. También tienen bastante agua el yogur, el pescado blanco y el huevo.

Cómo hidratar con agua

Parece absurdo escribir sobre esto, porque seguro que estaréis pensando: le pones agua o le das una botellita y que vaya bebiendo. Pues sí, es la manera más lógica. Y de vez en cuando, si es de los de beber poco y orinar con color y olor intenso, ofrecerle por si está pensando en otras cosas, jugando, y aunque tenga sed, prefiere no “perder el tiempo”.

También podemos saborizar un poco el agua, en caso de que nos la rechace por insípida. Para ello podemos añadir algunos trozos de fruta, o más divertido a sus ojos: hacer cubitos de hielo con los trozos de fruta y agua, y sacarlos para refrescar el agua y, además, darle sabor.

A menudo hay gente que pregunta si, ya que el agua no le gusta al niño, hay alguna que tenga mejor sabor. Como siempre, todo depende del paladar de cada persona. Yo, por ejemplo, en Logroño (nací allí) bebía del grifo siempre, pues me encantaba cómo sabía. En Terrassa, donde vivo hace 28 años, el agua del grifo me sabe a rayos, así que en mi casa bebemos agua embotellada.

Al empezar a darles agua a los niños con seis meses, escogimos una de muy baja mineralización por lo que expliqué en la entrada de hace unos días en la que hablaba del agua para los bebés; y aunque ahora podríamos beber cualquier otra, nos hemos acostumbrado al sabor y seguimos con ella. Aquí cada familia debe decidirse por la que le guste más o, en el caso de los niños, la que les guste más a ellos. A menudo les da exactamente igual y le dan más importancia a la forma de la botella que al sabor del agua que contiene, y es que ahora hay con diferentes colores en los tapones, y hasta con forma de personajes de películas de animación (es otra idea para ofrecerles agua y que la beban).

En cualquier caso, si beben agua desde que son bebés y la familia la tiene como bebida principal no tiene que haber mayor problema. Las soluciones son necesarias sobre todo cuando los acostumbramos a beber, para saciar su sed, lo que solo deberían beber de manera puntual: refrescos, batidos y zumos. Y es que no solo quitan la sed, sino que también quitan el hambre, a costa de darles mucho más azúcar del que necesitan, como ya he mencionado.

Fotos | Donnie Ray Jones, Ellen en Flickr


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Por | 2017-06-06T06:38:36+00:00 6 Junio 2017|Categorías: Alimentación, Salud infantil|Etiquetas: , , , |2 Comentarios

2 Comentarios

  1. Amatxo Lu 28 Junio, 2017 en 11:24 am- Responder

    Hola Armando,
    ¿Y si el niño sigue con LM? Nuestro txiki va a hacer 16 meses y le solemos ofrecer agua, pero se moja más que bebe (no usa biberón sino un vaso antiderrames) así que no sé si está suficientemente hidratado.
    Muchas gracias

    • Armando Bastida Torres 28 Junio, 2017 en 11:50 am- Responder

      Si apenas bebe agua seguro que está adaptando las tomas a su sed, así que en principio no habría por qué preocuparse. Además, también comerá verduras y frutas, imagino 😉

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